No hay nada mejor que un buen tazón de sopa en un día frío y lluvioso de invierno. Esta versión de la clásica sopa de tomate lleva calabaza, que le da un toque dulce y la espesa. Además, se congela muy bien, así que prepara una buena cantidad y divídela en porciones para sacarlas del congelador cuando te apetezca algo rico y reconfortante.
Sopa de tomate y calabaza
1 calabaza moscada mediana (o cualquier calabaza de invierno), pelada y cortada en cubos.
2 tazas sinlácteos leche (como la leche de coco o de arroz)
2 latas de 411 g (14.5 oz) de tomates troceados
1 cucharadita de sal, o al gusto
1 cucharada de jengibre fresco, picado o rallado (opcional)
Coloca la calabaza en una cacerola con la leche. Cocina a fuego lento hasta que esté blanda. Agrega una lata de tomates picados. Tritura la mezcla de calabaza, tomate y leche con una batidora de mano (o pásala a una licuadora o procesador de alimentos y tritúrala). Agrega la segunda lata de tomates picados, dejando los trozos. Calienta, agrega sal y jengibre, y sirve. Decora con cebolletas picadas.
Como ocurre con la mayoría sopas, ¡Ajusta los condimentos a tu gusto! ¡Que lo disfrutes!